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Qué puedes probar antes del intercambio de parejas

Cada vez hay más personas que aprueban junto a su pareja acudir a un club de swingers. Y, aunque se trata de una práctica cada vez más extendida y muy saludable tanto para el bienestar personal como para la propia relación de pareja, también es cierto que muchas personas sienten algo cohibidas en el momento de la verdad, de acostarse con otra persona que ni siquiera es una profesional, en general, del sexo, como una señorita de compañía, y ni siquiera algo relacionado, como una experta en masajes tantra en Barcelona.

Si has decidido ir a un club de swingers, o estás pensando en hacerlo, es probable que se deba a que tu vida sexual se ha quedado estancada. Por ello, te traemos una serie de recomendaciones que puedes tener en cuenta.

Masajes tántricos

No los hemos mencionado de forma azarosa, claro. El masaje tántrico puede no ser exactamente lo mismo que el masaje erótico, pero lo cierto es que puede tener muchos puntos en común y, en ocasiones, las líneas que separan a uno del otro pueden llegar a ser bastante difusas.

El masaje tantra se basa en acariciar y amasar todo el cuerpo, y terminar prestando especial atención a la zona íntima del receptor. En muchas ocasiones, incluso, llega al orgasmo, aunque no tiene por qué ser así para que el masaje se haya llevado a cabo de la forma correcta.

Nuevas fantasías

Todos tenemos fantasías sexuales que no nos atrevemos a verbalizar, ni siquiera, con nuestra pareja. Si no tienes la suficiente confianza como para hacerlo, siempre puedes acudir a un local de citas para ponerlas en práctica con una profesional del sexo.

Distintas prácticas

Es probable que hayas hablado en alguna ocasión con tu pareja sobre la posibilidad de realizar nuevas prácticas, como el sado, por ejemplo. Muchas parejas disfrutan introduciendo algunos matices de este tipo de relación sexual poco a poco. Por ejemplo, los azotes de baja intensidad pueden ser muy placenteros en el momento apropiado y en la zona indicada. O jugar un poco al shibari empleando algunas cuerdas que mantengan a uno de los dos atado a los barrotes de la cama.